Tenemos un problema.
Uno gordo y serio.
No puedo desvestirte con las manos, y mucho menos, vestirte con los ojos. Sé que me miras y ves fuego; estallan las trompetas, y todo es ruido, armas y estruendo. Bombardeos, motores, tracción, torsión y expansión. Las ruedecillas de tus ojos acoplándose a los míos, el reloj que arranca palpitante, el crack del Mach 21. ¡Deja de mirarme! No puedo. No debo. La aguja del motor no se ajusta al factor de riesgo requerido. Las revoluciones están muy por encima del Yield permitido. Soy el capitán dispuesto a hundirse con su barco.
Sé que todo esto se me va de las manos, pero me fascina la obra contemplativa.







