martes, 10 de julio de 2012

Desobediencia




Las musas están enfadadas.
Les prometí una vida; soy cobarde, estoy vencida.
Eso quieren hacerte creer. Ellas vienen, enfadadas. Chillan, gritan, todo lo rompen. De verdad que vienen con ganas. Erato me da una bofetada, Clío me acuchilla. Me salen versos de las tripas. Toda yo soy poesía: rota, vacía, perdida. Los intestinos caen al suelo, salpicando sílabas, manchandolo todo de sucios sonetos. Ya nada es lo que era. Urania me escupe a la cara, y el ácido corrompe mis lágrimas. Me oxido. Me diluyo en el agua. Soy una gota de sangre marrón, una nube que desaparece en el fondo del universo.
Están como locas. Se tiran de los pelos y se arrancan los mechones. Rasgan sus vestiduras y me incriminan furiosas, me insultan, me pegan, me acusan.
Morfeo llega después. Caigo de rodillas encima de mis tripas. Mi prosa tiembla, mis versos callan.
-Hija mía. Eres desobediente.
Y es verdad.
Una musiquilla de plata se vierte en mis oídos, la lengua de las musas cura mis heridas...
La marea sube, todo lo cubre, ya no hay sangre...
-Lo sé, padre.

























El cuadro es de John Collier

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